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Psicología en la adolescencia
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Fortalecer mi autoestima

La adolescencia y la juventud son períodos de constitución de la propia identidad subjetiva. En este proceso de formación y desarrollo de la identidad adquieren mucha importancia las relaciones interpersonales. Las relaciones sociales, las amistades y la familia son fundamentales en el desarrollo de la personalidad y el proceso de transformación de la subjetividad.

Fortalecer mi autoestima
© Thinkstock

Las amistades y la familia pueden ayudar a la adolescente a pensar y confrontar sus ideas sobre el entorno. Todo esto puede estimular el proceso de desarrollo de la identidad y contribuir a que la chica exprese sus propias ideas, crezca y sea ella misma.
Además, la joven suele aprovechar la autonomía para elegir a sus amigos y a las personas con las que quiere relacionarse. Hasta ese momento, todo le había sido impuesto: la familia, los compañeros de la escuela, etcétera.

La importancia de la conversación

La palabra es el modo de relacionarnos y la conversación es la manera de intercambiar opiniones con las otras personas para enriquecernos. En muchas familias, la adolescente no dispone de mucha credibilidad para sus padres. Además, se conversa poco y sólo se utiliza el lenguaje como herramienta para imponer, ordenar, castigar y corregir actitudes.

Introducción de la confianza

La confianza debe ser recíproca y nunca se consigue por una orden. Es preciso saber respetar algunos silencios y quizá lo más difícil consista en saber escuchar y quedar disponible, saber dar el tiempo necesario, o estar atento en los momentos espontáneos en que la joven quiera hablar, preguntar, contrastar o, simplemente, dar su opinión.

Fortalecer la autoestima

El afecto es una necesidad básica para el desarrollo físico, psicológico y social de las adolescentes. Las manifestaciones de afecto pueden fortalecer la autoestima en un período de dudas, cambios e inseguridades. Por tanto, son de gran importancia los detalles, los gestos, las caricias, el contacto físico, el diálogo y la comunicación no verbal.

El entorno

En situaciones de cambios y dudas, el entorno debería favorecer el diálogo.
Las relaciones interpersonales que establezcan las chicas pueden realzar su singularidad y autonomía, y ofrecer un espacio de entendimiento y crecimiento personal. Para ello es necesario que tanto el entorno familiar como el social sean favorables a la afectividad. Esto se consigue demostrando interés por las inquietudes y las actividades de la joven y estableciendo relaciones basadas en el respeto y la confianza.
La adolescente busca en sus amigas un espejo en el cual afirmar su propia identidad y su imagen, pero también busca un espacio y una tribuna donde expresarse y liberar sus tensiones emocionales.
El ámbito familiar puede contribuir a evitar las conductas de riesgo, favorecer el proceso de socialización y desarrollar la autoestima y autonomía de las jóvenes. De modo que resultan de especial importancia los vínculos y los lazos sociales. Es fundamental aprender a dar y a recibir expresiones de afecto para poder evitar los prejuicios y temores a la vez que potenciar una buena comunicación afectiva.

La desmitificación de los padres

Durante la infancia, la niña mitifica a la madre y al padre. En la adolescencia empieza a detectar defectos e incoherencias y se produce la necesidad de rebelarse contra unas personas que han dejado de ser perfectas. Este cambio de actitud no siempre es bien aceptado ni entendido por los padres.
El padre que ha querido dar una imagen de prepotencia y quiere mantener el prestigio ante su hija a toda costa, sin duda no acogerá bien el cambio. Pero esa niña ya no es tan niña, se rebela porque ha aprendido a ver, a observar, a juzgar y la opinión que tiene de él no es válida como modelo absoluto.
Del mismo modo, algunas jóvenes descubren a la madre como un miembro de la familia sin autoridad, sumisa a las decisiones del cónyuge. En este caso, las hijas se rebelan contra ella porque ya no es el espejo en el que quieren mirarse.
Cuando unos padres se resisten a ser desmitificados y, por tanto, a verse desvalorizados y viven este proceso como si fueran menospreciados, fomentan indirectamente un mayor distanciamiento entre ellos y su hija. En general, estas actitudes son más negativas a las de los padres que saben admitir la evolución que la hija está efectuando.
La joven, a través de la negación y de la crítica de las creencias y opiniones ajenas, adquiere su propia educación e identidad.
La madre y el padre creen poder persuadir a la hija con sus consejos para evitar conflictos y fracasos. Es innegable que los consejos pueden y deben ayudar en el proceso de maduración psicológica y en la estructuración de los valores éticos de la joven, pero resulta incuestionable que su eficacia está directamente relacionada con el grado de aceptación y tolerancia que ella perciba en el comportamiento de los adultos que la rodean. Las actitudes autoritarias resultan mucho más perjudiciales que las que se apoyan en la comprensión y en una inicial aceptación de la forma de ser o actuar de la hija.

Publicado el 12/02/2010Comentar

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