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Infidelidad: ¿lo debo confesar?

La infidelidad es una de las causas más comunes de los problemas de una pareja. Aunque la confesión de la infidelidad puede acarrear diversas reacciones, en general se instaura un clima de sospecha. Entonces, en caso de echar una cana al aire, ¿es necesario hablarlo?

Infidelidad: ¿lo debo confesar?
© Thinkstock

No sabes qué ha pasado, ni cómo ha pasado… Pero has sido infiel a tu pareja. ¡Y no sabes si debes reconocérselo! Según ciertas revistas femeninas, “es preferible ser fiel si no eres capaz de tener el pico cerrado”. Entonces, ¿confesarlo o callarse? Según Gérard Decherf, doctor en psicología en París, las reacciones dependen de la personalidad. “Existen tres tipos de nivel de evolución de los individuos”, precisa. Cada persona reacciona de una forma u otra en función de su propio nivel de evolución.

Personalidad “narcisista”: no digas nada

“El primer nivel es el funcionamiento de tipo narcisista”, explica G. Decherf. Esta categoría afecta al individuo que, en el fondo, no ha renunciado a su estado de infancia. Desea recuperar los beneficios de la etapa infantil, caracterizada por un sentimiento de posesión absoluta. En este caso, la persona se centra sólo en sí misma. Busca sentirse segura por sus cualidades físicas e intelectuales. En este caso, la infidelidad no se dirige en contra del otro: permite, de hecho, reforzar la estima en sí mismo. En este caso, hablar con tu pareja sobre tu pequeño lío acarrea el riesgo de hacerle sufrir inútilmente. Es preferible que la persona narcisista empiece a realizar un trabajo en sí mismo para recuperar confianza.

Personalidad “genital”: sinceridad ante todo

Al contrario del funcionamiento de tipo narcisista, existen personas que se caracterizan por un funcionamiento de tipo genital, “menos marcado por la huella de la infancia”, subraya Gérard Decherf. Las parejas genitales, también denominadas “adultas”, evolucionan en una verdadera relación en la que ambos existen de la misma forma: se conocen sus necesidades y su satisfacción. La personalidad “genital” se siente respetada. En cualquier pareja, para preservar una relación de calidad, se debe tener en cuenta al otro. Y, cuando aceptamos a nuestra pareja en su totalidad, el hecho de no confesar una infidelidad puede parecer incongruente.
La sinceridad también es fundamental en el caso de aquellas personas que tienen un funcionamiento de tipo genital. Confesar una relación pasajera no pone en peligro la relación, ya que la otra persona es capaz de soportar la verdad. En cambio, una infidelidad más importante debe ser confesada con mucho tacto.

Personalidad “narcisista perversa”: decirlo todo para hacer sufrir

El tercer tipo de personalidad afecta a los individuos con un funcionamiento narcisista asociado a un funcionamiento perverso. En este caso, la infidelidad está relacionada con la propia pareja. Es la pareja quién se siente aludida. Esto se explica por el temor de perder al otro. Para intentar mantener a su pareja, se utilizan trucos parecidos al chantaje, como por ejemplo: “yo podría conocer a alguien que me hiciera más feliz”, o “si quieres que siga contigo, deberás cumplir todas mis exigencias”. La influencia caracteriza la relación. En este caso, la infidelidad no queda en silencio, sino que aparece como un arma para tener al otro y, finalmente, para hacerle sufrir.
Las tres personalidades descritas anteriormente inducen, pues, a reacciones distintas. En todos los casos, lo importante es el respeto a la pareja, lo cual suele pasar por la palabra.


C. Clément

Publicado el 11/03/2010Comentar

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