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Cómo empezar una relación con buen pie

Acabas de iniciar una relación y los primeros tiempos son muy importantes: de ellos dependerán la evolución y la duración de vuestra unión. ¿Cómo gestionar esta primera etapa?

Cómo empezar una relación con buen pie
© Thinkstock

El encuentro amoroso puede darse de muchas maneras: puede ser fortuito o lógico y tener lugar en la puerta de tu casa o en la otra punta del mundo. Sea como sea, éste cambiará el curso de las cosas. Pero el verdadero encuentro, el que va más allá del flirteo inicial, es un proceso lento que, para desarrollarse favorablemente, necesita atravesar diversas etapas.

Para que un encuentro sea posible…

Contrariamente a los que se cree, el amor a primera vista es algo excepcional. Para que el simple acercamiento entre dos personas adquiera el cariz de encuentro romántico es necesario que haya una mirada, un gesto, una señal que atraiga la atención del otro y que provoque una emoción. Y esto sucede únicamente cuando las dos personas están preparadas para el intercambio y el diálogo. Con frecuencia, el hecho de que estos encuentros fracasen no se debe al desinterés sino a la falta de disponibilidad. Sin apertura al mundo exterior ¡no puede haber encuentro!

Pero a veces la apertura no basta. Tal y como escribió Boris Cyrulnik: “Sólo puedo encontrar a aquellas personas que lleven consigo signos inscritos previamente en mí”. Así, el doble milagro del encuentro romántico radica en la necesidad de que las dos personas estén en la misma sintonía y en que la afinidad sea recíproca. Si esto sucede, entonces habrá un “shock amoroso”.

El sueño romántico

La suerte está echada: alguien ha irrumpido en nuestra vida, alguien desconocido y por lo tanto portador de un abanico de posibilidades. Todavía no existen los límites y la imaginación discurre libremente. Las emociones nos desbordan: pasamos del bienestar al miedo pasando por la alegría y de la duda a la angustia. Se trata de un momento mágico porque creemos haber encontrado a la persona que esperábamos. Pero es también una etapa de malentendidos porque, al fin y al cabo, no sabemos nada del otro. Existe el riesgo de enceguecerse y proyectar en esa persona nuestro mundo interior, nuestros sueños, nuestras esperanzas, nuestros fantasmas… Ahora bien, cuando la realidad se restablece se genera un cambio interno, porque la otra persona se ve confrontada con la imagen idílica que teníamos de ella. Entonces aparecen la duda y la decepción, que pueden desembocar en ruptura.

Tiempos difíciles

La confrontación es desconcertante porque altera nuestro ritmo cotidiano; pero ¿hasta dónde dejo que se vean afectadas mis costumbres, mi forma de pensar y de actuar? ¿Hasta dónde acepto que un remolino de cosas nuevas y desconocidas me desestabilice? Es una época difícil: la relación puede seguir adelante o, por el contrario, toparse con un callejón sin salida. Todo depende de las capacidades que tengamos de atravesar las turbulencias y de aceptar al otro tal cual es.

El encuentro romántico sacude nuestra fuerza interior y nos empuja a la novedad y al cambio. Pero una vez superado el obstáculo ¡valdrá la pena!

Dominique Pir

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27/08/2010

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