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Pasar la Navidad en torno a la familia… reconstituída

Las fiestas son una época de reencuentros que nos gustaría fueran calurosos. Esto supone un desafío aún mayor para las familias reconstituidas. La organización de este rito puede comportar mucha alegría pero también mucho estrés. La psicoanalista francesa Catherina Audibert nos explica cómo evitar los pasos en falso y lograr que reine la magia.

Navidad con la familia... reconstituída
© Thinkstock

Poner en marcha la operación “Navidad” requiere de mucha organización y, sobre todo, de mucho tacto; hay que evitar que unos se sientan heridos, otros irritados… En conclusión, hay que intentar contentar a todos. La prioridad es encontrar el lugar donde darse reunión; tarea especialmente difícil para las familias reconstituidas.

“Recrear” la familia

¿Deben las fiestas celebrarse siempre en torno a la familia unida y alegre? Esta visión resulta utópica, sobre todo para las personas que han finalizado una relación y cuyas familias deben reponerse a la separación. “La Navidad puede venir acompañada de mucha culpa. La de haberse separado y la de privar a los hijos de la imagen de ambos padres juntos”, afirma la psicoanalista. La tentación de recrear “artificialmente” la familia, aunque sólo sea para esta ocasión, es muy grande, en especial cuando los niños son pequeños. Algunos personas eligen incluso no estar con su nueva pareja, sobre todo si la relación es reciente.

Una mala idea

Semejante reunión puede parecer artificial, sobre todo si queda empañada de un sentimiento de culpabilidad que los padres intentan disimular. “Hacer como si” es inútil, los niños lo notan. “Esta situación puede alimentar la fantasía de que los padres vuelvan a estar juntos”, previene la experta. Por otra parte, se trata de una situación que suscita en el niño un conflicto de lealtades muy angustiante.

Agrandar la tribu

Si la separación data de largo y si cada uno de los padres ha rehecho su vida, reunir a todo el mundo puede ser una manera de evitar los quebraderos de cabeza en torno a cuestiones como dónde cenar, con quién, etc, y también de disfrutar.

Una buena idea, con condiciones

Cuando las dos personas han aceptado recomenzar su vida sin el otro y cuando el acuerdo es real, ¿por qué no cenar todos juntos? Sólo después de que haya transcurrido un tiempo es posible reencontrarse ya que el periodo inmediatamente posterior al divorcio suele verse teñido por la culpa. “Si todos los rencores se han digerido y si el encuentro no se torna en un banquete de emociones reprimidas, agrandar la familia para Navidad es perfectamente posible”, asegura Audibert.

Cuando los niños y los abuelos se inmiscuyen

“No hay que ceder a los deseos de los niños, si no se corre el riesgo de crear mucha confusión como consecuencia de todas las causas enumeradas anteriormente”, previene Audibert. Otro “frente” a combatir pueden ser los abuelos, que no siempre comprenden por qué sus hijos han decidido separarse y pueden insistir para que haya una reconciliación, al menos navideña… Pero no hay que sucumbir a los deseos ajenos. Sonríe educadamente y mantente fiel a tu elección.

¡Alterna!

Una vez que los fantasmas de una reunión idílica en torno al árbol se hayan disipado, hay que anclarse en la realidad. Alternar supone una solución práctica y permanente. Para la especialista, lo mejor es que los niños “celebren Noche Buena en una casa y Noche vieja, en otra”. Y aunque celebrar las doce campanadas sin los hijos puede resultar muy difícil, más aún si son pequeños, hay que aceptar el hecho de la separación y de la imposibilidad, por el momento, de estar con ellos en todas las fechas señaladas.

C. Maillard

Publicado el 15/12/2010Comentar

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