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Natación
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Todo sobre los estilos de natación

Los principales estilos de natación son el crol, la braza, la espalda y la mariposa.

El crol, el estilo más rápido

Estilos de natación
© Jupiter

Este estilo obliga a colocar el cuerpo del nadador en una posición muy hidrodinámica.
En el crol, mientras uno de los brazos del nadador se mueve en el aire dispuesto a entrar en el agua, el otro, sumergido, efectúa la tracción.
Este movimiento encierra una compleja técnica, que puede resumirse en los puntos siguientes:
La palma de la mano debe entrar en el agua mirando ligeramente hacia fuera, con el pulgar hacia abajo.

El codo ha de estar relajado, lo que no impide que el nadador tenga que intentar levantarlo al máximo cuando saca el brazo del agua.

Cuando se sumerge el brazo, los dedos deben apuntar hacia el fondo; la mano «agarra» el agua y se apoya en ella para «empujar» el cuerpo hacia delante.
Paralelamente al movimiento de brazos, el nadador mueve las piernas mediante lo que se conoce como «patada oscilante»: un movimiento alternativo de las piernas hacia arriba y hacia abajo originado en la cadera (las piernas y los pies han de estar relajados). Por cada ciclo completo de brazos se suelen producir de dos a ocho batidas de pies.
La mayor parte de nadadores de competición sigue un ritmo de seis batidas por brazada. Además de fijarnos en la técnica de los brazos y las piernas, el crol también requiere una respiración rítmica, sumergiendo la cara en el agua y girando la cabeza a derecha o a izquierda para inspirar. La boca y la nariz apenas han de salir del agua en el momento de tomar aire.

La braza, el estilo más natural

El estilo braza recuerda al movimiento natatorio de las ranas. Se trata de la técnica más natural y la más lenta, aunque permite hacer metros y metros sin cansarse demasiado.
La secuencia de movimientos es la siguiente:
El nadador se queda flotando boca abajo, con los brazos apuntando al frente y las palmas vueltas.

Abre los brazos hacia atrás hasta que éstos queden en línea con los hombros.
Encoge las piernas para aproximarlas al cuerpo, con las rodillas y los dedos de los pies mirando hacia fuera.

Estira el cuerpo con un fuerte impulso.
Lleva nuevamente los brazos al punto de partida. A partir de ahí, comienza de nuevo todo el ciclo.
La braza es el único estilo en el que las piernas pueden propulsar el cuerpo del nadador con más fuerza que los brazos. De hecho, en la mayoría de los casos, las extremidades inferiores proporcionan una fuerza que oscila entre el treinta y el sesenta por ciento de la propulsión total. De ahí la importancia de una ejecución correcta de la «patada de rana» característica de este estilo. En primer lugar, hay que concentrarse en llevar los talones hacia arriba (hacia las nalgas) al tiempo que se flexiona las rodillas. Toda la operación ha de realizarse sin que los talones rompan la superficie del agua. A continuación, se flexionan los pies y se separan las piernas en posición de «V». Por último, el movimiento se completa con una rápida unión de piernas.
En todo momento hay que intentar que el movimiento del cuerpo sea continuo, ya que si se producen grandes cambios de ritmo disminuye la eficacia.

La espalda, el estilo más sano

Algunos nadadores encuentran desconcertante deslizarse sobre su espalda. Otros, en cambio, aprecian mucho este estilo debido a la relativa facilidad de sus movimientos.
No hay que olvidar que la técnica de espalda permite que la cara del nadador permanezca siempre por encima del agua, lo que facilita la respiración.
Además, la espalda es el estilo «terapéutico» por excelencia, puesto que, entre otras cosas, ayuda a desarrollar la flexibilidad de los hombros y a corregir las desviaciones de la parte dorsal del cuerpo.
Exceptuando la cuestión de la posición del cuerpo en el agua, los estilos de espalda y crol tienen bastantes semejanzas, ya que la brazada, el impulso de pies y el ritmo acompasado de brazos y piernas son muy similares.
¿Cómo se ejecuta correctamente el estilo de espalda? En primer lugar, los brazos han de entrar en el agua completamente extendidos, con la palma de la mano mirando hacia fuera y el dedo meñique por delante. De este modo, las manos pueden deslizarse dentro del agua sin apenas provocar turbulencias.

Con los dedos por delante, el nadador tiene que presionar con el brazo estirado hacia abajo (dentro del agua) para potenciar al máximo el momento de «agarre» de la brazada. A continuación, bascula este mismo brazo por debajo del agua hacia la cadera para realizar el impulso. Si el movimiento se realiza correctamente, el pulgar rozará el muslo cuando la extremidad suba hacia arriba (siempre con el meñique por delante).
La clave de este estilo es conseguir que la alternancia entre el movimiento de ambos brazos sea fluida y continua.
Al igual que en el crol, las piernas del nadador que practica espalda se mantienen juntas y se mueven alternativamente hacia arriba y hacia abajo. Lo ideal es que por cada ciclo de brazos se realicen seis patadas. Un aspecto importante es procurar que los pies no sobresalgan demasiado de la superficie.
En cuanto a la respiración, para que el ritmo sea adecuado se recomienda tomar y expulsar aire de forma continua, de forma que el nadador realice un ciclo completo de respiración en cada movimiento de brazos.

La mariposa, el estilo más espectacular

La mariposa es el estilo más difícil de ejecutar, ya que requiere fuerza y coordinación.
Los nadadores deben dar dos golpes de piernas por cada brazada y, al mismo tiempo, poseer un gran sentido del ritmo.
Este esfuerzo se traduce en velocidad: el estilo mariposa es casi tan rápido como el estilo libre, aunque, eso sí, resulta mucho más cansado.
El movimiento de brazos de la mariposa es similar al impulso en forma de «S» que hemos visto en el apartado correspondiente al crol. La diferencia es que, en este caso, el cuerpo no se balancea porque los dos brazos se mueven de forma simultánea y continua. ¿De qué forma? Desplazándose hacia delante (por encima del agua) y luego hacia atrás, por debajo de la superficie.
Partiendo de la posición de brazos extendidos dentro del agua, éstos se separan a una distancia equivalente a la anchura de hombros, con los pulgares orientados hacia abajo. A continuación, se impulsan hacia fuera y hacia abajo, iniciando un movimiento en forma de «S». Las manos se juntan a la altura del abdomen al tiempo que se doblan los codos. Posteriormente, las manos vuelven a separarse y bajan hacia las caderas mientras presionan el agua hacia atrás. Es el preludio del momento en el que los brazos emergen de nuevo a la superficie, instante que el nadador aprovecha para inspirar y comenzar a expulsarlo de inmediato.

Dos defectos clásicos

Muchos nadadores de crol suelen cometer dos errores típicos: por un lado, no levantan suficientemente el codo en el momento de sacar el brazo a la superficie cuando, en realidad, deberían elevarlo de forma que quedara muy por encima de la mano. Así, con el brazo relajado, el nadador debería poder arrastrar la punta de los dedos por la superficie del agua.
Otro defecto muy común es entrar la mano en el agua cruzando la longitudinal del
cuerpo. Para corregir este error, hay que procurar que la mano entre en el agua entre la línea del hombro y la longitudinal del cuerpo.

Cuatro consejos para nadar como una rana

1. Cuando los brazos inicien su movimiento hacia el exterior, empezamos a subir la cabeza a la superficie para inspirar. Elevamos la cara sólo lo necesario.

2. El movimiento del cuerpo debe ser hacia adelante. Sólo se toma altura para impulsarse con más fuerza.

3. Si tenemos problemas de espalda, reducimos el movimiento ondulatorio característico de la braza. Es decir, realizamos la misma sucesión descrita arriba, pero a la hora de efectuar la patada no flexionamos excesivamente las piernas para que los pies queden más lejos de los glúteos. La impulsión será menos efectiva, pero no se incide en la curva de la región lumbar.

4. La patada no ha de coincidir con la brazada, sino que se efectúa mientras los brazos están extendidos hacia delante. En la braza los pies intervienen de forma determinante en la velocidad.

La alineación del cuerpo

La colocación de los brazos cuando se sumergen en el agua es uno de los defectos más comunes. Debido a la inercia del movimiento continuo, muchos nadadores adquieren la mala costumbre de introducir la mano en el agua cruzándola excesivamente hacia el hombro opuesto. Este defecto provoca un movimiento lateral de las caderas que rompe la alineación del cuerpo. ¿Cómo se puede evitar este error? Un pequeño truco consiste en imaginar que nos encontramos yaciendo de espaldas encima de un reloj, con la cabeza orientada hacia las doce y los pies apuntando a las seis. De este modo ya podemos empezar a nadar, teniendo en cuenta que el brazo derecho ha de dirigirse hacia las once y el izquierdo en dirección a la una.

Publicado el 12/02/2010Comentar

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