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Los principios físicos de la natación

Los principios físicos de la natación son la flotabilidad, el deslizamiento y la respiración.

La flotabilidad

Los principios físicos de la natación
© Jupiter

Según el principio de Arquímedes, «todo cuerpo sumergido en un líquido experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al peso del volumen del líquido que desaloja».
Para comprobar la veracidad de este principio físico no hay más que sumergirse en una piscina: veremos cómo inmediatamente una fuerza empuja el cuerpo hacia la superficie. Se trata del empuje generado por el volumen de agua desplazado.
¿Por qué en el agua el cuerpo tiende a subir a la superficie en lugar de hundirse? Porque el peso específico de su cuerpo es inferior a la densidad del agua.
La conclusión es que cuando una persona está sumergida en agua, el peso aparente de su cuerpo equivale a un diez por ciento del peso real en tierra.
Para las personas con problemas de obesidad, dolores de espalda, etc., esta circunstancia representa una gran ventaja a su favor, ya que les ofrece la posibilidad de realizar ejercicio en el agua sin forzar las articulaciones, tal como ocurriría si ejercitasen su cuerpo fuera del agua.

El deslizamiento en el agua

La natación es un deporte en el que la técnica tiene un papel fundamental. Por mucha capacidad aeróbica que se tenga, no es posible llegar a ser un buen nadador si no se ejecutan correctamente los movimientos que corresponden a cada estilo. Cuando un cuerpo penetra y avanza en un fluido, la resistencia que le ofrece este último depende de su forma, de su superficie (es decir, la proyección del cuerpo sobre un plano
perpendicular a la dirección de la progresión) y de la velocidad a la que se mueve.
Si observamos atentamente una gota de agua (o un pez o un avión) nos daremos cuenta de que un cuerpo fusiforme (es decir, un cuerpo que va adelgazándose desde el medio hacia sus dos extremos) progresa con gran facilidad y rapidez.
Del mismo modo, el cuerpo del nadador ofrecerá menos resistencia al avance si se coloca en posición extendida.
Para ello debe estirar los brazos más allá de la cabeza, algo que muchos ya hacen de forma intuitiva en el momento de zambullirse. Esta posición (llamada «de deslizamiento») optimiza la propulsión del nadador en el agua y es la base del aprendizaje de todos los estilos de natación.

La respiración

Por el momento, hemos visto cómo el conocimiento del principio de Arquímedes nos ha conducido a la práctica de la inmersión total. Como también hemos podido comprobar, las leyes de penetración de un cuerpo en un fluido demuestran la necesidad de emplear la posición de deslizamiento.
Si tratamos de aplicar estos dos principios colocándonos para ello en posición ventral, rápidamente nos daremos cuenta de que surge el problema de la respiración, puesto que la suma de las dos condiciones mencionadas implican la necesidad de sumergir el rostro y, por lo tanto, de introducir bajo el agua las fosas nasales.
Así, los principiantes deben aprender a respirar de una manera que les permita mantener el cuerpo sumergido al máximo de sus posibilidades y al mismo tiempo conservar el ritmo respiratorio normal. Para lograrlo, en primer lugar hay que tener en cuenta que en el agua se respira de manera diferente que en condiciones normales.
Si normalmente la respiración consta de dos fases (inspiración y espiración), la respiración en el medio acuático se compone de tres períodos: inspiración, retención de aire y espiración.
Para inspirar hay que sacar las vías respiratorias fuera del agua durante el tiempo estrictamente necesario. Esta inspiración va seguida de una retención más o menos larga (depende de cada nadador) que favorece la flotación. Finalmente, comienza la fase de espiración que, como en todos los ejercicios físicos, es esencial y aquí tiene lugar dentro del agua. La espiración es lenta y progresiva, y se realiza por la boca, aunque se puede dejar escapar aire por la nariz de forma complementaria.

Ejercicios para mejorar la flotación

Ejercicio 1 Extienda los brazos hacia delante, inspire y tome impulso en el borde de la piscina con la punta de los pies. Estire las piernas hacia atrás, sumerja la cara en el agua y exhale aire. Todos estos movimientos le permitirán adoptar una postura de flotación hidrodinámica. Cuando desee volver a respirar (no hace falta apurar las últimas reservas), flexione las rodillas y levante la cabeza.

Ejercicio 2 Para adoptar la postura de flotación de espaldas, incline la cabeza hacia atrás y deje que los pies, el pecho, las caderas y las piernas suban hacia la superficie. A continuación, coloque los brazos en cruz.
Transcurridos unos segundos, doble la cintura y lleve las rodillas al pecho para recuperar la posición erguida. Complete el movimiento pasando los brazos por detrás del cuerpo.

La batida de pies

Ejercicio 1. Pies crol Un clásico en todas las piscinas del mundo: tome una tabla de corcho y sujétela por la parte más lejana, de modo que los antebrazos se apoyen sobre ella. Colóquese en posición de deslizamiento, extendiendo al máximo los brazos, y empiece a propulsarse moviendo las piernas de forma continua hacia arriba y hacia abajo (pies de crol). Las rodillas deben estar ligeramente flexionadas y los tobillos relajados. Los pies, por su parte, han de orientarse ligeramente hacia el interior.

Ejercicio 2. Pies espalda Colóquese de espaldas y comience a deslizarse. Mantenga el pecho y las caderas elevados en la superficie del agua, inclinando hacia atrás la cabeza y arqueando ligeramente la espalda.
Mueva las piernas hacia arriba y hacia abajo para desplazarse, con las rodillas ligeramente flexionadas.

Ejercicios para aprender a respirar

Estos ejercicios como sólo se pueden realizar en una piscina de poca profundidad.

Ejercicio 1 De pie, inspire profundamente, flexione las piernas y sumerja la cara en el agua.
Después, espire lentamente el aire por la nariz y la boca. Concéntrese en evitar que el agua penetre en las fosas nasales. Vuelva a sacar la cabeza del agua y repita el ejercicio.

Ejercicio 2 De pie, intente imitar los movimientos del crol sin desplazarse. Doble la cintura, gire la cabeza hacia el lado que escoja para inspirar aire y estire el brazo contrario hacia delante.
A continuación, sumerja la cabeza en el agua y espire lentamente mientras el brazo completa el movimiento. Pruebe a respirar por ambos lados para comprobar cuál de los dos le resulta más cómodo.

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12/02/2010

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